Biografía

LA VIDA DE BLAS INFANTE
 

“Tú no me entiendes, hermano.

Ni jamás entenderás este supremo dolor.

Ser otro en especie, distinto o solo entre iguales”.

Blas Infante

 

BLAS INFANTE PÉREZ (1885-1936)

 

El 5 de julio de 1885 a las 11’00 de la mañana ve la luz por primera vez en Casares, en la calle Carrera nº 66, Málaga, el hoy reconocido como Padre de la Patria Andaluza: Blas Infante Pérez, hijo de Luis Infante Andrade y Ginesa Pérez de Vargas, y nieto de Ignacio Pérez de Vargas, por entonces el cacique de la localidad.

Su infancia en Casares le permite a Don Blas, desde muy pequeño, comprobar en su propia persona la existencia de ciudadanos de primera y de segunda clase, la exclusión y la marginalidad del pueblo gitano, la explotación infantil, el analfabetismo de las clases modestas, y la pobreza a la que eran condenadas miles de familias jornaleras, obligadas a sobrevivir de la caridad cuando los terratenientes no les ofrecían trabajo. Algo que le acompaña toda su vida y que se convierte en el eje central de su ideario político y social.

 

Su Educación

 

Don Blas cursa sus estudios de secundaria en el internado de las Escuelas Pías de Jesús Nazareno (actualmente IES Luis Barahona de Soto) de la también malagueña Archidona (1896-1899), donde convive con alumnos gratuitos provenientes de esas familias jornaleras que ya había visto y sentido en su pueblo natal, y donde conoce por primera vez el canto del Santo Dios, un himno religioso dedicado a la Santísima Trinidad católica, que al ser también usado como cante de siega por los campesinos, y al volver a escucharlo por todos los campos de trabajo a los que Infante acude, acabará siendo la base musical del Himno de Andalucía:

 

“Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal,

líbranos Señor de todo mal.

Por la sal de nuestra frente,

danos pan, salud, danos fe.

Salva al pueblo que perece

por tu nombre Uno en Tres”

 

De la educación secundaria se examina en el Instituto Aguilar y Eslava de Cabra (Córdoba), y estudia para el grado de Bachiller en el Colegio San Rafael y en el Instituto Vicente Espinel, ambos en Málaga.

 

En Granada

 

Pero también son años difíciles para su familia, y el joven Blas debe comenzar a ayudar a su padre Luis en su trabajo como secretario en el Juzgado Municipal de Casares, por lo que comienza así un interés por el Derecho que le empuja a matricularse en 1904 en la Universidad de Derecho de Granada, donde obtiene un excelente expediente académico, cursando en sólo dos años los tres totales de la licenciatura.

Este contacto con Granada no queda sólo en la anécdota universitaria, sino que además supone la conexión y el descubrimiento de Blas Infante con otra de las bases principales del ideario andalucista: Al Andalus. Granada, heredera directa del Reino Nazarí de Granada, se presenta ante él como la última prueba viviente y la depositaria de toda una tradición cultural, filosófica y política que situó a Andalucía como uno de los principales focos de cultura y de poder del mundo conocido de su tiempo, sin cuya crucial y decidida participación no podrían entenderse ni Oriente ni Occidente tal y como hoy se entienden.

Pero también descubre, al mismo tiempo, por la derrota final de ese Al Andalus, el fanatismo religioso, la persecución racial, la intolerancia cultural, y la imposición política, puesto que ve cómo Granada también materializa por sí misma la historia como el factor más significativo de la configuración del presente y de la conciencia de los pueblos; lo que le hace comenzar a desarrollar sus posturas por la paz como justicia social, por el rechazo de los dogmatismos de cualquier ámbito, y por comenzar a reivindicar la hermandad con las gentes del otro lado del estrecho de Gibraltar, a las que considera como herederas de los antiguos andalusíes expulsados:

“Mirando de frente con ojos nostálgicos más allá del Arroyo Grande, que dijo Abuberk, al Estrecho de Tarifa, las rutas de piedras afiladas como puñales por las que fueron a la emigración nuestros hermanos, los desterrados moriscos”. (Manuscrito inédito AFZ).

 

De Notario en Cantillana (Sevilla)

 

Su próximo destino es la localidad de Cantillana (Sevilla), donde toma posesión de su notaría en 1910, tras aprobar las oposiciones con 24 años y tener que esperar un año hasta alcanzar la edad reglamentaria por entonces requerida para poder ejercer. Es su lugar de trabajo más duradero, puesto que mantiene esta notaría hasta noviembre de 1922, cuando se marcha temporalmente a Madrid.

Pero parece ser que ya en 1909 frecuentaba Cantillana y Sevilla, pues en mayo de 1909 asiste al discurso inaugural de los Juegos Florales del Ateneo de Sevilla, por parte de Mario Méndez Bejarano, que es también un punto de inflexión en la conciencia de Infante por Andalucía, demostrándole, según sus propias palabras, que “el patriotismo andaluz no está muerto”. Así lo expresa en el Ideal Andaluz (1915).

Además de su activa participación en el Ateneo (en 1914 redacta una memoria sobre el ideal andaluz en su Sección de Ciencias Morales y Políticas que se convierte en el texto base de su libro Ideal Andaluz), durante estos primeros años de vida social se interesa de una manera claramente política por los problemas de la tierra, haciéndose miembro de la Liga Española para el Impuesto Único y participando en el I Congreso Internacional de Economistas Fisiócratas, celebrado en Ronda en mayo de 1913, donde coincide por primera vez con otros importantes nombres de la lucha por Andalucía como Rafael Ochoa, Francisco Chico Ganga, Antonio Ariza o Eloy Vaquero, que poco a poco van fusionando georgismo con regionalismo.

Este debate regionalista, que a muchos de ellos, incluido Blas Infante, les cuesta la expulsión de la Liga, tampoco es casual, pues en los círculos políticos e intelectuales se había insertado el debate autonómico a raíz de la Ley de Mancomunidades desarrollada por el gobierno entre 1912 y 1915, debate en el que juega un importante papel la prensa andaluza, como el Diario de Avisos en Córdoba, La Publicidad en Granada, La Provincia y El Diario en Huelva, La Idea en Jerez, o El Cronista en Málaga, que secundan la campaña comenzada por El Liberal en Sevilla, dirigido por el regionalista José Laguillo.

Blas Infante de nuevo juega un papel rompedor e innovador, puesto que supera por la izquierda, por un lado, al regionalismo culturalista y elitista del Ateneo, más poético que político; y por otro, al debate mancomunal, puesto que a la autonomía administrativa le une la autonomía política como único camino factible para poder acabar con lacras como el paro, el hambre o la ignorancia, que se arrastraban desde hacía siglos en Andalucía.

Comienza así a convertirse en la cabeza pensante y visible de la defensa del Ideal Andaluz –término acuñado por José María Izquierdo-, lo que nuevamente le cuesta ciertas desavenencias con el Ateneo, acabando por fundar en 1915, junto a su círculo de correligionarios, la primera organización política plena y conscientemente andalucista de nuestra historia: el Centro Andaluz.

 

Los Centros Andaluces (1915-1931)

 

Durante la existencia de los Centros Andaluces se suceden algunos de los hitos más importantes en el desarrollo del andalucismo político, y en los que Blas Infante juega un destacado papel:

 

·        Asamblea de Ronda de 1918: Primera reunión de representantes de los grupos regionalistas de toda Andalucía, donde se fijan la bandera y el escudo prácticamente como hoy los conocemos, y donde se adopta como reivindicación autonómica el texto del Proyecto de Constitución o Pacto Federal para los cantones regionados andaluces, conocido popularmente como la Constitución de Antequera de 1883.

 

·        Manifiesto Andalucista. Texto acordado por el Directorio Andaluz de Córdoba el día 1.º de enero de 1919 y refrendado por la Asamblea Autonomista, reunida en Córdoba el 25 de marzo del mismo año, conocido abreviadamente como el Manifiesto de la Nacionalidad, que supone la adopción definitiva de posturas obreristas y el paso determinante del regionalismo al nacionalismo:

 

“Andaluces: Andalucía es una nacionalidad porque una común necesidad invita a todos sus hijos a luchar juntos por su común redención. Lo es también porque la Naturaleza y la historia hicieron de ella una distinción en el territorio hispánico. Lo es también porque, lo mismo en España que en el extranjero, se la señala como un territorio y un pueblo diferente. La degeneración de Andalucía será la de todos vosotros. Un pueblo abyecto y cobarde es un mero compuesto de individuos indignos y cobardes también”.

 

·        La reivindicación de Andalucía en el Congreso de la Paz: Éste es el título de una conferencia impartida por José Andrés Vázquez en noviembre de 1918 en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Sevilla, texto que sirve como base al elaborado por Blas Infante para remitir a la Sociedad de Naciones, con sede en Ginebra (Suiza), pero que nunca será atendido.

 

·        Asamblea de Córdoba de 1919: Celebrada en el Centro Obrero Republicano de esa ciudad, como apoyo a la oleada de huelgas que recorre la provincia –acontecimiento conocido como el Trienio Bolchevique-. Sus documentos finales apoyan la reivindicación de una autonomía útil, la socialización de la tierra, y el acercamiento a republicanos y socialistas, que se traduce en la concurrencia de estos tres grupos en coalición en diferentes elecciones celebradas antes de la dictadura de Primo de Rivera.

 

En Isla Cristina

 

En el ámbito personal también experimenta durante estos años algunos cambios importantes, como por ejemplo su boda con Angustias García Parias en Peñaflor (Sevilla), el 19 de febrero de 1919.

En 1922 vive unos meses en Madrid con ocasión de la enfermedad y fallecimiento de su padre, y allí colabora con los hermanos dramaturgos Álvarez Quintero y el escultor Lorenzo Coullaut Valera (abuelo de Enrique Iniesta) en revitalizar la Casa de Andalucía.

Al volver muda su residencia de Sevilla a Isla Cristina (Huelva), donde le sorprende el golpe de estado del general Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923, que comienza una dictadura militar que dura ocho años y que es la causante del cese de la actividad de Blas Infante y del resto de los nacionalistas durante varios años.

De un modo u otro, lo cierto es que para Blas Infante este período supone un “exilio interior” –término acuñado por Enrique Iniesta-, refugiándose en sus asuntos familiares. Es el tiempo en que tiene a tres de sus cuatro hijos: Luisa, Mª Ángeles y Luis Blas, a los que seguirá Alegría ya de vuelta a Sevilla.

 

Viaje a Marruecos

 

En 1924 Don Blas viaja a Marruecos, en busca de la tumba de Al Mutamid, último rey autóctono de Sevilla, un personaje histórico que atrae su atención desde que escribiera Motamid. Último Rey de Sevilla (1920), por considerarlo como una metáfora de la historia y la situación política de Andalucía.

Al Mutamid (1040-1095) es el último monarca de Sevilla de la dinastía Abasí, que una vez destronado por los almorávides en el año 1090 se ve obligado a emigrar al Atlas marroquí. Blas Infante lo considera como un punto de inflexión en el autogobierno de Andalucía, pues a almohades y almorávides, venidos desde el norte de África, les siguen las dinastías Trastámara, Austria y Borbón, todas ellas de Europa.

Abdelkrim o Abd el-Krim (1882-1963): Dirigente independentista rifeño que luchó contra la ocupación española y francesa de su país, llegando a presidir la República del Riff (1923-1926).También hay que tener en cuenta un hecho muy significativo, pues en la fecha de este viaje, España mantiene una encarnizada guerra colonial contra Marruecos, especialmente contra las tropas de Abdelkrim, con una propaganda oficial que recuperaba el espíritu de cruzada de la conquista castellana de Andalucía, y donde toda voz discordante era acusada de traidora y de beneficiar al “enemigo”. Una serie de prejuicios sociales y de trabas legales que no se lo ponen fácil a la hora de partir, teniendo incluso que ir hasta Lisboa para poder viajar desde allí a Marruecos.

Pisa África por primera vez (después de haberla divisado tantas veces de niño desde su Casares natal) en Casablanca, de ahí va a Marrakech y por fin a Agmat, a unos 676 km de Ceuta, un paraíso verde en medio del desierto, que sin duda recordaría a su patria a aquellos exiliados andalusíes del siglo XI.

Allí ve con sus propios ojos las similitudes culturales entre ambos países, y la herencia de los descendientes de los moriscos expulsados de Andalucía a medida que la conquista castellana se iba extendiendo. Fruto de este viaje y de este descubrimiento es el homenaje a Al Mutamid que organiza en Silves (Portugal) en 1928, y su obra Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo (1929), donde por primera vez acuña teorías sobre el origen del cante flamenco que aún hoy son reconocidas por los flamencólogos, al haber escuchado a su vuelta de Marruecos por Rabat numerosas nubas emparentadas directamente con los palos flamencos actuales.

 

El Zorro Don Dimas

 

Durante su estancia en Isla Cristina, Don Blas vive su tierno episodio con el zorro don Dimas, un cachorro de zorro recogido por él mismo, huérfano y condenado a ser despreciado por los humanos, con el que juega a crear una metáfora de su mundo circundante y su propio destino. Una historia que también nos recuerda, por un lado, su obra Cuentos de Animales (1921), y por otro su incipiente ecologismo, organizando campañas antitaurinas y de concienciación a favor de los animales con su amigo el médico Antonio Ariza. (Leer texto de apoyo nº 1).

Ha perdurado hasta nuestros días una prueba de estas campañas andalucistas a favor de los animales, en forma de paneles de azulejos a las puertas de algunos antiguos colegios, que animan a los niños a cuidar de los pájaros, para que estos cuiden de nuestros cultivos. Hoy hay documentadas varias de ellas en Sevilla, y una en Alcalá de Guadaíra

 

Viaje a Galicia

 

En 1929 realiza otro viaje, esta vez al norte, a Galicia, donde permanece un mes para conocer de primera mano los círculos nacionalistas (destacan las Irmandades da Fala) de un pueblo con el que ve tantos paralelismos con Andalucía: pueblo agrícola y pesquero al mismo tiempo, castigado por el caciquismo atroz y la emigración, en la periferia económica y geográfica del centralismo, y de una historia marcada por sus tendencias federalistas. Las experiencias de este periplo gallego las publica en la afamada revista gallega Nos, pero queda un pequeño disgusto, y es que a pesar de que hay constancias de que Infante y Castelao –líder del galleguismo- se estimaban, el destino quiere que nunca se conozcan personalmente.

Como estamos viendo, aunque bajo un barniz más cultural, y en la semiclandestinidad, Infante no deja totalmente la actividad andalucista, pues mantiene el contacto con sus compañeros nacionalistas mediante cartas y reuniones más o menos informales, que mantienen encendido el espíritu durante los difíciles años de la dictadura militar.

Como es ya conocido, tras la dimisión de Primo de Rivera se convocan elecciones para el 11 de abril de 1931, como un incoherente intento de volver a la normalidad constitucional de antes del golpe de estado; y aunque los comicios son municipales, la amplia victoria de los partidos republicanos hace al rey Alfonso XIII buscar apoyo entre los militares para mantenerse en el poder, pero al no encontrarlo no tiene más salida que abdicar y exiliarse a Italia. Así, el 14 de abril, se proclama formalmente por segunda vez en menos de un siglo la república como forma de gobierno en el Estado español.

 

En Coria del Río

 

Esto crea nuevas ilusiones y expectativas entre los nacionalistas catalanes, vascos, gallegos, y por supuesto también andaluces. Así, Blas Infante permuta su notaría de Isla Cristina por la de Coria del Río, para acercarse de nuevo a Sevilla como centro de la política andaluza, y los antiguos Centros Andaluces se transforman en las Juntas Liberalistas de Andalucía, a las cuales el propio Díaz del Moral llamaría “liberadoras de injusticias económico-sociales”, y que radicalizan sus posiciones con respecto a la obtención de la autonomía y la reforma agraria, iniciando rápidamente actividades a favor de la consecución de ambos fines.

Blas Infante construye en Coria del Río la que fue su última casa, la conocida Dar al Farah (“Casa de la Alegría” en árabe), que hoy día se puede visitar al haber sido convertida en Casa-Museo, y junto a la que se ha construido hace pocos años el Museo de la Autonomía de Andalucía.

Hasta tal punto es incansable en la lucha por la tierra y los jornaleros en Andalucía, que en mayo de 1931 Infante es nombrado miembro, como jurista, de la “Comisión Técnica Agraria para la solución del problema de los latifundios”, de la que también forman parte otros andalucistas como el ingeniero agrónomo Pascual Carrión o el profesor Díaz del Moral. Pero su proyecto de Reforma Agraria es rechazado en las Cortes por considerarse demasiado rupturista. Esto comienza a desilusionar a Blas Infante con la república por considerarla demasiado moderada, lo que se ve agravado cuando en las elecciones de 1931 la candidatura en la que él participa se vea obstaculizada y atacada desde las propias autoridades republicanas, acusándole del famoso Complot de Tablada.

Pero esto no es ningún impedimento para que el 10 de agosto de 1931 sea un activo partícipe en la frustración del golpe de estado contra la república que el General Sanjurjo protagoniza en Sevilla.

Complot de Tablada: Blas Infante concurre a las elecciones generales de junio de 1931 junto a José Antonio Balbontín, Pascual Carrión, Ramón Franco, Antonio Rexach y Pablo Rada, en las listas de la Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza, para la que incluso Pedro Vallina, de la anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT), llega a pedir el voto. Esta candidatura es acusada por las autoridades de urdir un complot revolucionario junto a sectores militares y jornaleros, el denominado complot de Tablada, por ser el cuartel sevillano de tal nombre su hipotético punto de partida. Aún hoy no están esclarecidos los hechos, sin ponerse de acuerdo ni sus supuestos partícipes ni los actuales historiadores si fue real o un montaje del gobierno para derribar la candidatura. Para dar su propio punto de vista de todo este episodio Blas Infante escribe su obra La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía (1931).

Como venimos viendo, Infante apoya la república como una forma más justa y democrática de gobierno, incluso se juega la propia vida por defenderla como en el episodio de la “sanjurjada”, pero eso no le impide ser crítico con la misma cuando ésta adopta una dirección que considera errónea o cuando comete errores, algunos muy graves como los acontecidos en Casas Viejas en enero de 1933, que se convierten en todo un hito en la historia del andalucismo, del sindicalismo y del movimiento jornalero.

Con respecto a la cuestión autonómica, Blas Infante impulsa una serie de reuniones junto al antiguo miembro de Centro Andaluz, Hermenegildo Casas, ahora Presidente de la Diputación Provincial de Sevilla, cuyo punto culminante es la Asamblea Regionalista de Córdoba de enero de 1933, en la que están representadas las ocho diputaciones andaluzas, varios diputados en las Cortes, más de 500 ayuntamientos, y cerca de 100 entidades y asociaciones obreras, culturales y andalucistas, en un intento de lograr la máxima representación del pueblo andaluz. En esta Asamblea se consigue aprobar por fin, no sin pocas trabas de autoridades y partidos centralistas, un Anteproyecto de Estatuto de Autonomía para Andalucía.

Casas Viejas es una localidad gaditana hoy llamada Benalup-Casas Viejas, en la que el 11 de enero de 1933 un grupo de jornaleros y campesinos se sublevó siguiendo una frustrada convocatoria de Huelga General, atacando el cuartel de la Guardia Civil. El gobierno envió a la Guardia de Asalto y a la Guardia Civil, que arrasaron literalmente el pueblo fusilando y quemando vivas a decenas de personas, entre ellas el conocido anarquista Seisdedos.

Durante el Bienio Negro los diferentes procesos autonómicos se ven paralizados, e incluso la autonomía catalana, en funcionamiento desde 1932, es suspendida y su gobierno en pleno, con Lluis Companys como Presidente, encarcelado. Don Blas, como podía esperarse, se solidariza plenamente con los represaliados y llega incluso a visitarlos varias veces durante su presidio en el penal de El Puerto de Santa María (Cádiz). Este hecho que hoy parece baladí o incluso circunstancial, para la época supone todo un acto de subversión, pues representa congraciarse con presos políticos acusados de separatistas.

Tras la victoria del Frente Popular en 1936 el proceso autonómico se reactiva, y en Andalucía recaba incluso el apoyo de algunos de los partidos de izquierda que se habían opuesto unos años atrás, por entender ahora la necesidad del reconocimiento de la plurinacionalidad del estado español como única salida para que la república perdure.

Las Juntas Liberalistas comienzan de nuevo a hacer circular el Anteproyecto entre instituciones y organismos, un texto que resulta demasiado tibio para Blas Infante pero que entiende que es necesario como acuerdo de mínimos y como primer paso hacia el autogobierno del pueblo andaluz. En este sentido es en el que publica su conocido Manifiesto A todos los andaluces, que se convierte tristemente en su último texto publicado y que queda a modo de legado.

Finalmente, el 5 de julio de 1936 se celebra la Asamblea Pro Estatuto de Andalucía en la sede de la Diputación de Sevilla, en la cual Infante es propuesto y aclamado como Presidente de Honor de la futura Junta Regional, y se decide que el último domingo de septiembre de ese año se reuniría una Asamblea que aprobaría el texto definitivo y fijaría una fecha para que fuera sometido a plebiscito popular.

Los siguientes días son frenéticos para Infante, acudiendo a numerosas localidades a diferentes actos a favor tanto del Estatuto como del reconocimiento de los símbolos andaluces, entre los que destaca el realizado en Cádiz el 12 de julio, consistente en la primera izada y la primera interpretación oficial de la bandera y el himno de Andalucía en el ayuntamiento.

El día 18 de julio, como es tristemente conocido, se produce la sublevación militar y el fallido golpe de estado encabezado por, entre otros, Francisco Franco, que da pie a una encarnizada guerra civil y una despiadada dictadura militar de casi 40 años. Ante la noticia, Don Blas, seguro de no haber cometido nunca ninguna ilegalidad, desoye las voces que le recomiendan ponerse a salvo, y el 2 de agosto es secuestrado por miembros de Falange en su casa de Coria, siendo retenido en diferentes presidios improvisados por los golpistas, hasta que durante la madrugada del 10 al 11 de agosto es vilmente asesinado en el kilómetro 4 de la antigua carretera Sevilla-Carmona.

Esta fecha que eligieron para matarlo (10 de agosto) coincide con la fecha en la que Blas y otros compañeros consiguieron frustrar el golpe de estado del general Sanjurjo en Sevilla, en el año 1931.

Pero con esto no acaba el calvario de la familia Infante, puesto que en 1940 el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas –organismo creado por el franquismo para dirigir la represión- condena con carácter retroactivo a Blas Infante por formar “parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los años sucesivos hasta el 1936 se significó como propagandista para la constitución de un partido andalucista o regionalista andaluz”, lo que deja en graves aprietos económicos y administrativos a su mujer e hijas/o.

Blas Infante fue reconocido en el Preámbulo del primer Estatuto de Autonomía, por unanimidad del Parlamento de Andalucía, como “Padre de la Patria Andaluza e ilustre precursor de la lucha por la consecución del Estatuto de Autonomía para Andalucía”, el 13 de abril de 1983, título honorífico también reconocido por el Congreso de los Diputados en noviembre de 2002.

En el lugar donde fue asesinado Blas Infante se encuentra hoy un monumento erigido por la Fundación que lleva su nombre y que es presidida por su hija Mª Ángeles, que tuvo que ser sufragado por ésta sin ninguna ayuda económica por parte de la Junta de Andalucía, que en agosto de 2011 lo nombró primer Lugar de Memoria Histórica, junto con su casa de Coria.

 

 
   

 

 

 

 

 

Este texto forma parte del libro didáctico Acercarse a Blas Infante VVAA, Atrapasueños 2013.